Si pensás y actuás como riñón, estás perdido

Cuando una persona tiene una hemorragia importante, pierde mucha sangre, el riñón detecta una menor llegada de sangre y reacciona reteniendo agua y sal. Esto es, fabrica menos orina. Esta respuesta es obviamente útil y está destinada a “compensar” la menor cantidad de sangre que recibe.

Ahora bien, cuando una persona tiene insuficiencia cardíaca, al riñón también le llega menos sangre (porque el corazón bombea menos sangre). Y el riñón reacciona de la misma forma que en el caso de la hemorragia, reteniendo agua y sal. Esta respuesta a un “supuesto” cambio del volumen de sangre no solo inútil sino inadecuada y perjudicial para el corazón, para los pulmones y para el organismo en su conjunto.

En las últimas décadas, uno de los protagonistas sin duda ha sido, y es, el famoso “cambio”. Sabemos que todo cambia, que nada es para siempre, que nadie se baña dos veces en el mismo río, como dijo Heráclito, etc. etc. Sin embargo, a la hora de interpretar esos cambios y de actuar en consecuencia, es necesario ampliar el foco de observación, evaluar un poco más allá de lo supuestamente obvio y evidente: es imprescindible una mirada sistémica, pensar “en grande” y no solo en la pequeñez del entorno cercano. Es necesaria una reflexión profunda.

Si actuamos con la “miopía renal”, respondiendo a los cambios siempre de la misma manera, de acuerdo con nuestros supuestos y creencias, en ocasiones acertaremos y todo irá bien, pero en otras, podemos obtener resultados desfavorables y hasta catastróficos.

Esta es una metáfora “orgánica” para ilustrar la necesidad de revisar en forma periódica nuestros modelos y creencias. Algunos son muy útiles para actuar y movernos en el día a día. Otros son disfuncionales y es preciso revisarlos y modificarlos. En eso radica la flexibilidad indispensable para adaptarnos de manera efectiva a los cambios.

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Mapa corporal de las emociones

 

En PNAS (Proceedings of National Academy of Science) se acaba de publicar un artículo en el que se muestra cómo las personas sentimos las emociones en el cuerpo.

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Lo más interesante, a mi criterio, es que estas representaciones corporales estarían más allá de la cultura y del idioma. Es decir, serían universales!!

Me pregunté entonces dónde estaría la originalidad de cada uno si a todos nos pasa lo mismo.  Desde mi punto de vista, la originalidad estaría en los estímulos que gatillan en cada uno una emoción y en la manera en que ponemos esa emoción en palabras.

¿Qué te parece?

Link a la fuente: PNAS

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