Si actúas como riñón, estás perdido.

Cuando una persona tiene una hemorragia importante, al riñón le llega un menor flujo de sangre y éste reacciona reteniendo agua y sal. Respuesta obviamente útil frente al cambio de volumen.
Cuando una persona tiene insuficiencia cardiaca, al riñón le llega menor flujo de sangre y éste reacciona reteniendo agua y sal. Respuesta a un “supuesto” cambio de volumen no solo inútil sino inadecuada y perjudicial para el corazón, para los pulmones y para el organismo en su conjunto.

En las últimas décadas, uno de los protagonistas sin dudas ha sido, y es, el famoso “cambio”. Sabemos que todo cambia, que nada es para siempre, que nadie se baña dos veces en el mismo río, como dijo Heráclito, etc. etc. Sin embargo, a la hora de interpretar esos cambios y de actuar en consecuencia, es necesario ampliar el foco de observación, evaluar un poco más allá de lo supuestamente obvio y evidente: es imprescindible una mirada sistémica, pensar “en grande” y no solo en la pequeñez del entorno cercano. Es necesaria una reflexión profunda.
Si actuamos con la “miopía renal”, respondiendo a los cambios siempre de la misma manera, de acuerdo con nuestros supuestos y creencias, en ocasiones acertaremos y todo irá bien, pero en otras, podemos obtener resultados desfavorables y hasta catastróficos.
Esta es una metáfora “orgánica” colegas para ilustrar la necesidad de revisar en forma periódica nuestros modelos y creencias. Algunos son muy útiles para actuar y movernos en el día a día. Otros son disfuncionales y es preciso revisarlos y modificarlos. En eso radica la flexibilidad indispensable para adaptarnos de manera efectiva a los cambios.

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