Abuso y mal uso de “prazoles”

La aparición en el mercado de los inhibidores de la bomba de protones hacia fines de la década del 80  representó un avance fenomenal para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el ácido del estómago. Poco a poco fueron ganando terreno tanto en el ámbito médico como en la cultura popular en todo el planeta.
La consideración del omeprazol y otros (Esomeprazol, Lansoprazol, Rabeprazol, Pantoprazol, Dexlansoprazol, más otro nuevo que es omeprazol con bicarbonato de sodio) como un simple “protector” gástrico libre de efectos adversos y las formulaciones de venta libre dispararon su utilización, de la mano del marketing de la industria farmacéutica. Pero la cuestión es que ni son simples protectores gástricos ni están exentos de efectos adversos.

Lo primero no es la salud sino las ventas

Un rato frente al televisor es suficiente para entender que a la gente le están vendiendo una inútil y estúpida guerra contra los gérmenes comunes. La promoción interminable de productos que matan el “99,9%” de las bacterias y virus no solo es engañosa sino extremadamente perjudicial. “Mirá todos los lugares en dónde podés aplicarlo: en las cortinas, los sillones, las mochilas, las zapatillas…” Comprá, gastá, comprá, gastá, seguí comprando… así vas a ser más feliz, vas a ser una mejor madre, tus hijos serán más sanos y felices (para seguir comprando y gastando…)

El recurso del canto

La música llega hondo en las personas y descubrí que es una forma fantástica para “conectar”, inclusive en los casos difíciles, cuando las posibilidades de comunicación con el lenguaje están muy restringidas.
Una paciente de 80 años, con Enfermedad de Alzheimer avanzada, estuvo sin hablar durante varios días. Había estado internada por una infección y volvió a su casa hecha un trapo. No hablaba y casi no comía. Su agresividad ya no existía, su mirada estaba perdida. Pero esa tarde lluviosa en la que fui a visitarla, el canto hizo la diferencia.