Dime cómo hablas

Hace tiempo ya que se reconoce que el lenguaje tiene un carácter activo, que es acción, y que crea el mundo en el que vivimos. Antes se pensaba que era pasivo y que las palabras se utilizaban solamente para describir el mundo exterior.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En su “Ontología del Lenguaje” dice Rafael Echeverría que “…a través del lenguaje no solo hablamos de las cosas sino que alteramos el curso espontáneo de los acontecimientos.”
Por ejemplo, al proponerle algo a alguien, al decirle “si”, “no” o “basta” a otra persona, intervenimos en el curso de los acontecimientos y hacemos que las cosas sucedan.

Mente-Cuerpo: una dualidad anticuada

Hace 25 siglos, Hipócrates enseñaba que estar sano era la prueba de que un individuo había alcanzado un estado de armonía consigo mismo y con el entorno y que aquello que afectaba a la mente afectaba también al cuerpo.
Esta perspectiva se perdió en el siglo XVII, cuando el pensamiento científico occidental, encabezado por Descartes, dividió al ser humano en dos entidades distintas: un cuerpo (soma) y una mente (psique). Dos palabras distintas fueron tomadas por cosas distintas lo cual llevó a un modo de pensar dualista y a una medicina dominada por la asistencia del cuerpo (y alguna especialidad dedicada a atender la mente.)