Mal uso y abuso de “prazoles”

La aparición en el mercado de los inhibidores de la bomba de protones hacia fines de la década del 80  representó un avance fenomenal para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el ácido del estómago. Poco a poco fueron ganando terreno tanto en el ámbito médico como en la cultura popular en todo el planeta.

La consideración del omeprazol y otros (Esomeprazol, Lansoprazol, Rabeprazol, Pantoprazol, Dexlansoprazol, más otro nuevo que es omeprazol con bicarbonato de sodio) como un simple “protector” gástrico libre de efectos adversos y las formulaciones de venta libre dispararon su utilización, de la mano del marketing de la industria farmacéutica. Pero la cuestión es que ni son simples protectores gástricos ni están exentos de efectos adversos.

Otro problema y, a mi criterio de suma gravedad, es que NO se le indica a los pacientes por cuánto tiempo deben tomar estos medicamentos y las personas asumen (en la gran mayoría de los casos) que es “para siempre”!!! Una creencia muy difundida es la necesidad de tomar un “prazol” para que el estómago aguante la enorme cantidad de fármacos que se consumen. La polifarmacia NO es indicación para estos medicamentos.

Las indicaciones aprobadas por la FDA de los Estados Unidos para los prazoles son:

  • Enfermedad por reflujo gastro-esofágico (esto NO es que te cayó mal la comida ni que tengas un poco de acidez porque te zarpaste con el tuco sino la presencia de daño en el esófago diagnosticado por endoscopía digestiva, por ejemplo, por una hernia hiatal).
  • Prevención y curación de úlceras duodenales o estomacales en pacientes que necesitan consumir antiinflamatorios esteroides (corticoides) y no esteroides (conocidos como AINEs) por enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoidea, entre otras.
  • Erradicación del Helicobacter pylori (junto con antibióticos específicos)
  • Trastornos de hipersecreción gástrica como el síndrome de Zollinger-Ellison.

Hoy en día, encuentro pacientes a los que alguna vez se les indicó omeprazol (por las dudas) y lo siguen tomando después de 10 años y en dosis altas!!  Y lo peor es que existe el efecto rebote, es decir, aumento de la producción de ácido por encima de lo normal cuando se suspende la administración.

Los efectos adversos asociados al uso prolongado de “prazoles” son diversos y abarcan todo el organismo. Algunos se producen en forma directa y otros por deficiencias en la absorción de nutrientes. Por otro lado, estos fármacos interactúan con otros medicamentos como con anticoagulantes (warfarina), diacepam (Valium), digoxina, antimicóticos, etc.

Un detalle no menor es lo que se considera “uso prolongado” o “largo plazo” que en el caso de los inhibidores de la bomba de protones es cuando se los utiliza por más de 3 a 6 meses. Algunos estudios consideran uso prolongado cuando se los consume por un año.

Rev Col Gastroenterol / 31 (4) 2016 – Efectos adversos a largo plazo de los inhibidores de la bomba de protones. Perspectiva desde la medicina basada en la evidencia.

La deficiencia de vitamina B12 produce anemia, trastornos neurológicos y demencia.

La hipomagnesemia es un bajo nivel de magnesio en la sangre y puede ir acompañada de estos signos y síntomas: debilidad, calambres musculares, arritmias, irritabilidad del sistema nervioso con temblores. Adicionalmente pueden presentarse confusión, alucinaciones, depresión, convulsiones, hipertensión y taquicardia. El uso de diuréticos favorece la aparición de hipomagnesemia. Un problema adicional es que el nivel de magnesio en sangre no está incluido en los análisis de rutina que solicitamos a los pacientes.

Que cada uno saque sus propias conclusiones. La mía, como tantas otras veces, es que mercado mata medicina y, a juzgar por el actuar automático de los profesionales, mercado, inercia y falta de reflexión mata sentido común.

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *