Si pensás y actuás como riñón, estás perdido

Cuando una persona tiene una hemorragia importante, pierde mucha sangre, el riñón detecta una menor llegada de sangre y reacciona reteniendo agua y sal. Esto es, fabrica menos orina. Esta respuesta es obviamente útil y está destinada a “compensar” la menor cantidad de sangre que recibe.

Ahora bien, cuando una persona tiene insuficiencia cardíaca, al riñón también le llega menos sangre (porque el corazón bombea menos sangre). Y el riñón reacciona de la misma forma que en el caso de la hemorragia, reteniendo agua y sal. Esta respuesta a un “supuesto” cambio del volumen de sangre no solo inútil sino inadecuada y perjudicial para el corazón, para los pulmones y para el organismo en su conjunto.

En las últimas décadas, uno de los protagonistas sin duda ha sido, y es, el famoso “cambio”. Sabemos que todo cambia, que nada es para siempre, que nadie se baña dos veces en el mismo río, como dijo Heráclito, etc. etc. Sin embargo, a la hora de interpretar esos cambios y de actuar en consecuencia, es necesario ampliar el foco de observación, evaluar un poco más allá de lo supuestamente obvio y evidente: es imprescindible una mirada sistémica, pensar “en grande” y no solo en la pequeñez del entorno cercano. Es necesaria una reflexión profunda.

Si actuamos con la “miopía renal”, respondiendo a los cambios siempre de la misma manera, de acuerdo con nuestros supuestos y creencias, en ocasiones acertaremos y todo irá bien, pero en otras, podemos obtener resultados desfavorables y hasta catastróficos.

Esta es una metáfora “orgánica” para ilustrar la necesidad de revisar en forma periódica nuestros modelos y creencias. Algunos son muy útiles para actuar y movernos en el día a día. Otros son disfuncionales y es preciso revisarlos y modificarlos. En eso radica la flexibilidad indispensable para adaptarnos de manera efectiva a los cambios.

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Cuotas más caras con menos prestaciones

Luego de varios años con las cuotas quasi congeladas, las empresas de medicina prepaga en Argentina recibieron autorización del actual gobierno para realizar ajustes. Si bien estos incrementos en las cuotas son escalonados, el resultado final hoy por hoy son montos muy onerosos para una gran parte de la clase media del país.

Por un lado es comprensible que dado el aumento de los costos en salud, desde medicamentos y sueldos hasta equipos e insumos, las empresas necesiten aumentar las cuotas para evitar descapitalizarse y sostener el servicio que prestan. Sin embargo, en algunos casos, a fin de bajar costos, hay empresas que están “recortando” prestaciones bastante más allá de lo aceptable, no ya para subsistir como empresa sino para aumentar la rentabilidad.

Algunos recortes pasan por entregar menos cantidad de insumos, disminuir la frecuencia de servicios como visitas médicas, sesiones de kinesioterapia, de fonoaudiología, negar prestaciones a pacientes con certificado de discapacidad, entre otros “ajustes”.

De acuerdo con fuentes que me voy a reservar, una de las empresas de medicina prepaga más caras del país está tomando una decisión muy cuestionable. Están informando que los enfermeros no estarán a cargo de la aplicación de anticoagulantes en forma subcutánea sino que deberán ser los familiares/cuidadores quienes deberán realizar la aplicación de heparina a los pacientes que lo requieran. Difícil va a ser explicar a los integrantes de la familia que tienen ellos mismos que aprender a dar inyecciones subcutáneas mientras pagan fortunas por un servicio cada vez más empobrecido. Lamentable.

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