Qué son y para qué sirven los Estándares de Presentación de Resultados

Un ejemplo: el CONSORT STATEMENT
En ocasiones, los resultados de un estudio pueden ser correctos pero, debido a una mala presentación, pueden conducir a interpretaciones erróneas o confusas. Por otro lado, cuando la presentación de resultados se hace de manera heterogénea, el proceso para comparar los hallazgos de un estudio con los de otro, se complica. Con el objetivo de evitar estos problemas, la comunidad médica ha desarrollado diferentes formas estandarizadas para publicar los resultados de las investigaciones.
A mediados de la década de los 90, se reunieron en Chicago dos grupos dedicados a estudiar la mejor forma de presentar un ensayo clínico controlado que estaban trabajando en forma independiente. Este nuevo grupo quedó conformado por editores de revistas, investigadores clínicos y especialistas en bioestadística. El resultado final que ofrecieron a la comunidad médica fue la elaboración de las Recomendaciones para los Informes de los Ensayos Clínicos (CONSORT), que consiste en una lista de comprobación (checklist) y un diagrama de flujo.
La lista está compuesta por 21 puntos que se refieren principalmente a los métodos, resultados y discusión del informe de un ensayo clínico controlado, identificándose la información necesaria para poder evaluar la validez interna y externa del ensayo, valorándose

Aprender a decir "NO"

Un “NO”, dicho en el marco adecuado y de buena manera, es una declaración poderosa que pone un límite al otro y afianza, afirma, de algún modo nuestra personalidad.
Hay personas a las que dar respuestas negativas supone un esfuerzo porque están empeñados en caer bien, en resultar tolerantes, comprensivos, amables y diligentes. Estas personas, los del “SI” fácil, se encuentran a veces llenos de compromisos que hubieran preferido evitar.

Algunas personas sufren cada vez que se quieren negar a algo, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar “la talla” o porque de algún modo les genera culpa. Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. La necesidad de ser valorados, atendidos y tenidos en cuenta, puede llevar a estas personas a mostrar una constante disponibilidad a todo, lo que los sume en una dependencia no sólo de los demás, sino de esa imagen desde la que actúan, dejando de ejercer su derecho a “no”.